Desde
hace siglos el uso del chupete no ha pasado desapercibido en la sociedad. No es
extraño ver en las calles, sala cunas e incluso en propagandas y teleseries a
niños pequeños con chupetes en sus bocas. Al parecer es un tópico bastante
común que atraviesa fronteras, eras y diferentes niveles socioeconómicos. Pero
¿es realmente bueno el uso indiscriminado del chupete? Algunos defienden esta
postura y otras nuevas – pero acertadas – tendencias afirman que no. En el
presente texto se demostrará que este hábito va en desmedro de la salud de los
niños.
En
primer lugar me explayaré en las desventajas que incluye el chupete en los recién
nacidos. En esta temprana edad, la sincronización de los músculos faciales es
fundamental para que la boca del pequeño se acople al pezón. Es decir, el
correcto funcionamiento de este reflejo es uno de los más decisivos para lograr
una lactancia materna exitosa. Si el recién nacido comienza a usar chupete
reiteradamente antes de acostumbrarse a la mama, el reflejo de succión se
descoordinará y no podrá tomar leche materna, requerimiento básico para su
adecuada nutrición.
En
segundo lugar, me referiré al uso indiscriminado en los lactantes, edad que
abarca desde el mes de vida hasta los dos años. Para estos niños, adquirir
dicha práctica como un hábito trae nefastas consecuencias en la constitución
del paladar, en la erupción dentaria y en la oclusión de la mandíbula. Un
lactante que esté continuamente usando chupete alterará el correcto
funcionamiento de todos los hitos anteriormente descritos, lo que se traducirá
en una mala articulación, problemas para morder alimentos y un inadecuado
desarrollo muscular de la cavidad oral. Es decir, mientras menos utilice el chupete,
mejor.
Sin
embargo, hay algunos que esgrimen este hábito como un beneficio para los niños.
Su argumento consiste en que el chupete calma a los bebés cuando están
llorando, lo que favorece su bienestar psicológico y físico y que, por lo tanto,
debería usarse apenas llore. También destacan que el chupete los entretiene
cuando están aburridos, por lo que sería una solución fácil y económica. Si
bien este argumento es cierto, no justifica el uso indiscriminado:
existen múltiples técnicas para
consolar al bebé cuando llora, además de verificar que no tenga sueño, hambre o
que el pañal esté sucio. También existen técnicas para entretenerlos, todas más
saludables, promovedoras del desarrollo psicomotor e igualmente económicas. Por
lo tanto, el uso del chupete debe ser puntual y acotado en el tiempo, no
constante como plantean estas personas.
A
modo de conclusión, vuelvo a rescatar la idea principal del texto:
el uso indiscriminado del chupete
perjudica la salud de los niños. Uno de los retos más importantes para los
profesionales de salud en este ámbito es romper con la costumbre del chupete,
que se transmite de generación en generación. Debemos desarraigar esta
tradición, que aunque tiene a la base buenas intenciones, no hace más que
perjudicar la salud de los niños del futuro.