viernes, 22 de agosto de 2014

El chupete como arma de doble filo

Desde hace siglos el uso del chupete no ha pasado desapercibido en la sociedad. No es extraño ver en las calles, sala cunas e incluso en propagandas y teleseries a niños pequeños con chupetes en sus bocas. Al parecer es un tópico bastante común que atraviesa fronteras, eras y diferentes niveles socioeconómicos. Pero ¿es realmente bueno el uso indiscriminado del chupete? Algunos defienden esta postura y otras nuevas – pero acertadas – tendencias afirman que no. En el presente texto se demostrará que este hábito va en desmedro de la salud de los niños.

En primer lugar me explayaré en las desventajas que incluye el chupete en los recién nacidos. En esta temprana edad, la sincronización de los músculos faciales es fundamental para que la boca del pequeño se acople al pezón. Es decir, el correcto funcionamiento de este reflejo es uno de los más decisivos para lograr una lactancia materna exitosa. Si el recién nacido comienza a usar chupete reiteradamente antes de acostumbrarse a la mama, el reflejo de succión se descoordinará y no podrá tomar leche materna, requerimiento básico para su adecuada nutrición.

En segundo lugar, me referiré al uso indiscriminado en los lactantes, edad que abarca desde el mes de vida hasta los dos años. Para estos niños, adquirir dicha práctica como un hábito trae nefastas consecuencias en la constitución del paladar, en la erupción dentaria y en la oclusión de la mandíbula. Un lactante que esté continuamente usando chupete alterará el correcto funcionamiento de todos los hitos anteriormente descritos, lo que se traducirá en una mala articulación, problemas para morder alimentos y un inadecuado desarrollo muscular de la cavidad oral.  Es decir, mientras menos utilice el chupete, mejor.

Sin embargo, hay algunos que esgrimen este hábito como un beneficio para los niños. Su argumento consiste en que el chupete calma a los bebés cuando están llorando, lo que favorece su bienestar psicológico y físico y que, por lo tanto, debería usarse apenas llore. También destacan que el chupete los entretiene cuando están aburridos, por lo que sería una solución fácil y económica. Si bien este argumento es cierto, no justifica el uso indiscriminado: existen múltiples técnicas para consolar al bebé cuando llora, además de verificar que no tenga sueño, hambre o que el pañal esté sucio. También existen técnicas para entretenerlos, todas más saludables, promovedoras del desarrollo psicomotor e igualmente económicas. Por lo tanto, el uso del chupete debe ser puntual y acotado en el tiempo, no constante como plantean estas personas.

A modo de conclusión, vuelvo a rescatar la idea principal del texto: el uso indiscriminado del chupete perjudica la salud de los niños. Uno de los retos más importantes para los profesionales de salud en este ámbito es romper con la costumbre del chupete, que se transmite de generación en generación. Debemos desarraigar esta tradición, que aunque tiene a la base buenas intenciones, no hace más que perjudicar la salud de los niños del futuro.